
Hacia finales del 2007 algunos senadores de la república, principalmente los que más peso político tienen dentro de esa cámara se reunieron con enviados de los medios de comunicación, en su mayoría periodistas, para debatir en torno a la viabilidad de las reformas a las leyes electorales. La iniciativa, discusión y posterior aprobación que se llevó a cabo en torno a las modificaciones al cuerpo de las normas obedecía a las irregularidades suscitadas durante las elecciones del pasado 2 de julio del 2006 (dixit Pablo Gómez). Duros, pensantes, ridículos y ofensivos fueron los argumentos que utilizaron aquella memorable tarde los espadachines de las televisoras y radiodifusoras, todos con un mismo objetivo, la defensa de la “propiedad privada”, es decir, el respeto a la máxima figura jurídica. Argumentos iban argumentos venían de un lado a otro como si se tratara de una épica batalla a fuego cruzado. El senado argumentando el descontrol suscitado debido a la intromisión de capitales en las campañas electorales y como estás apuntalaban o sepultaban a tal o cual candidato, los periodistas como fieros guardianes lanzando petardos desesperados por defender a los dueños de los medios aludiendo a la garantía constitucional que enmarca la libre expresión con un trasfondo de perdidas económicas multimillonarias. En resumidas cuentas los legisladores peleaban por el control de las campañas y los periodistas por la incalculable cantidad de dinero que iban a dejar de percibir sus empresas. Ahora yo me pregunto, ¿todos estos serán periodistas independientes que a nadie obedecen?, ¿ya se olvidaron del concepto de “propiedad privada” y sus obvios derechos y obligaciones?, la verdad es que las acciones valen más que mil palabras y aquella lucha por los dueños quedó en el pasado. Ahora tildan a los dueños de los medios de represores retrogradas y antidemocráticos por no renovar el contrato de la que se supone hasta hace algunos días era la periodista más plural y objetiva de los medios en México, sí, me refiero a Carmen Aristegui la que ahora parece que se ha convertido en el mártir favorito en nuestro país. Que rápido se nos olvidan las cosas y que alejados estamos de la realidad, somos ambiguos y perversos, utilizamos el discurso para poner hoy en jake al blanco y mañana al negro. No se confundan señores periodistas, todo lo que vemos está delimitado por una línea invisible que se llama Estado de Derecho y que no es mas que la serie de reglas que permiten a la sociedad fluir con cierto orden. En esta delimitación inclusive se encuentran las telecomunicaciones afectadas directamente por el Estado que otorga la concesión y por los particulares que aportan los dineros. Si invocamos las cuestiones técnico-jurídicas no encontraremos resquicio alguno para poder interponer un argumento en contra de la no-renovación de contrato de la señora Aristegui, no cabe amparo ni recurso legal en contra de la violación a la libertad de expresión. No caigamos en las cuestiones pseudos-periodísticas de querer defender lo indefendible, no quieran descubrir el hilo negro y mostrarse como los paladines de la civilidad y las buenas costumbres, ya saben que tanto en política como en la vida misma son necesarias las definiciones, Carmen definió sus preferencias antes de la elección presidencial y por ende rodó su cabeza , tan simple como eso.
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